¿Existen realmente los aterradores zombis? La respuesta a los muertos vivientes de Haití

Los Bokor, hechiceros vudú, mediante un oscuro ritual, aseguraban que podían resucitar a una persona ya fallecida y someterla a su voluntad.

Desde el estreno de las películas “El zombie blanco” (1938) y “La noche de los muertos vivientes”, el clásico de terror dirigido por George A. Romero en 1968, hasta cintas más recientes como “28 days later” y “Guerra Mundial Z” y series televisivas como “The Walking dead”, los zombis -aquellos míticos cadáveres que vuelven a la vida para perseguir a los seres vivos- han estado presentes en el inconsciente colectivo del mundo.

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Sin embargo, pese a que llevan más de medio siglo siendo un fenómeno de la industria del entretenimiento, pocos saben que el verdadero origen de estas míticas criaturas se remonta a los siglos XVII y XVIII en Haití, una isla ubicada en América Central, en las Antillas francesas, cuando los esclavos africanos eran llevados allí para trabajar hasta la muerte en las plantaciones de azúcar.

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Haití, uno de los países más pobres de América, continuamente subyugado a tiranías y colonialismos, logró su independencia en 1804, cuando una rebelión de esclavos acabó con el dominio de Francia convirtiendo a la isla en la primera república independiente negra después de una larga guerra revolucionaria.

Por esa época ya se decía que mediante un pacto infernal los esclavos habían logrado librarse del yugo del hombre blanco, por lo que para muchos Haití era el primer país consagrado al diablo.

Consecuentemente, Haití, la cuna del vudú, fue demonizado constantemente por los europeos como un lugar violento, supersticioso y mortal, donde estaba extendida la magia negra y la brujería y donde ocurrían casos de canibalismo, sacrificio humano y peligrosos ritos míticos.

No fue sino hasta el siglo XX, después de que Estados Unidos ocupara Haití en 1915, que estas historias y rumores comenzaron a sintetizarse en la idea del “zombi” o muerto viviente (la palabra “zombi” proviene de la palabra africana “Ndzumbi”, que significa “cuerpo” en el lenguaje de una de las etnias de Gabón, y del vocablo “nzambi”, que significa “el espíritu de una persona muerta” en lengua bantú (Congo) ).

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Desde el siglo XVIII y hasta el día de hoy, la noción del zombi ha formado parte de las supersticiones haitianas basadas en la creencia de que, a través de la magia o el veneno, hechiceros o sacerdotes vudú llamados bokors o houngan son capaces de hacer enfermar hasta la muerte a una persona a la que, tras ser enterrada por la familia, hacen revivir.

Dicha persona, por cierto, queda sometida a la voluntad de quien le ha hecho volver a la vida. Los zombis, entonces, son traídos de vuelta de entre los muertos (y a veces controlados) a través de medios mágicos por parte de estos bokors o houngan. A veces, la zombificación puede ser realizada como castigo, de modo que los zombis pueden ser utilizados como mano de obra esclava en granjas y en plantaciones de caña de azúcar.

Los zombies y el alma dual

Dentro de la religión vudú está presente el concepto de alma dual que se encuentra íntimamente ligado con la figura del zombi. Según esta tradición existirían dos tipos de alma: el “Gros Bon Ange” (“gran buen ángel”) y el “Ti Bon Ange” (“pequeño buen ángel”).

El primero es un alma que está en relación directa con el cuerpo, un concepto espiritual al que se le atribuye la memoria, los sentimientos y la personalidad de la persona (dentro de la religión vudú, perder el “Gros Bon Ange” equivale a perder la vida).

El segundo tipo de alma, el “Ti Bon Ange”, está ligado al cerebro, a la sangre, a la cabeza y a la conciencia del hombre, y está directamente relacionado con lo que los creyentes llaman el proceso de zombificación, pues el “Ti bon Ange” sería capturado por el hechicero (Bokor), antes o después de la muerte, de diversas formas y para distintos propósitos; el “Ti Bon Ange”, una vez que es capturado, es depositado por lo general dentro de un cántaro, una botella o en el interior de un cráneo.

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Poseer el “Ti Bon Ange” de una persona resulta muy valioso, pues el hechicero puede venderlo o rentarlo, de la misma forma que ocurriría con los zombis de carne y hueso, criatura que es regresada de la muerte por el hechicero, a través de distintos medios.

Estos individuos, como ya se mencionó, no mueren, sino que son inducidos a una muerte aparente (un letargo) a través del envenenamiento y posteriormente son enterrados vivos y sacados de sus tumbas.

La tradición oral haitiana sostiene que una vez enterrada la persona en cuestión, ésta es exhumada y llamada tres veces por su nombre por parte del hechicero. El envenenamiento puede ir acompañado del robo del “Ti Bon Ange”, lo cual significaría que “el zombi es realmente un individuo con el alma incompleta”.

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Los hechiceros pueden vender el “Ti Bon Ange” de una persona (almacenado en un cántaro o una botella) a sus clientes para la suerte, la curación o el éxito en sus negocios. La leyenda vudú también sostiene que la sal puede hacer volver al zombi a la tumba o devolverle sus sentidos.

De ese modo, el zombi puede eventualmente atacar el bokor que lo creó o puede volver a su lugar de enterramiento para morir definitivamente. Se cree que una vez que una persona es zombificada, queda inservible y aislada por el resto de su vida. Su familiares lo rechazarán por miedo y su única función sólo será ser mano de obra económica, actuando como un verdadero esclavo en una granja o en una plantación de caña de azúcar.

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En los años 20’ del siglo pasado dos escritores aseguraron haberse encontrado con zombis reales. El periodista y ocultista William Seabrok fue a Haití en 1927 y escribió el libro “La isla mágica”, donde aseguró haberse iniciado en las ceremonias vudú y haber sido poseído por los dioses.

En un capítulo titulado “Muertos vivientes que trabajan en los campos de caña de azúcar”, Seabrok relató que un lugareño lo llevó a la plantación de la Corporación Azucarera Haitiana-Americana y le presentó a los zombis que trabajaban en los campos de noche.

Seabrock describió a estas criaturas del siguiente modo: “Caminaban lenta y pesadamente como salvajes, como autómatas. Sus ojos eran lo peor. En verdad eran los ojos de un hombre muerto; no ciego, sino fijos, desenfocados, que no miraban nada”.

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Poco después, la escritora Zora Neale Hurston, quien pasó varios meses en Haití, investigando las ceremonias vudú, describió en su libro “Dile a mi caballo” (“Tell My Horse”, de 1937), su encuentro con un zombi auténtico: “Escuché los sonidos quebrados de su garganta y después hice lo que nadie ha hecho: lo fotografié”.

Wade Davis y el “polvo zombi”

En 1982, el etnobotánico canadiense Wade Davis viajó a Haití para desentrañar la leyenda de los zombis y llegó a la conclusión —publicada en dos libros: “The Serpent and the Rainbow” (1985) y “Passage of Darkness: The Ethnobiology of the Haitian Zombie” (1988)— de que se podía convertir a alguien en zombi mediante el uso de una potente neurotoxina llamada tetrodotoxina.

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Según Davis, se podía convertir a alguien en zombi mediante el uso de dos sustancias en polvo. Con la primera, llamada “coup de poudre “ (en francés “golpe de polvo” o “golpe de pólvora”), se induciría a la víctima a un estado de muerte aparente. Sus parientes y amigos la darían por muerta y la enterrarían, y poco después sería desenterrada y revivida por el hechicero.

En ese momento entrarían en acción los segundos polvos, una sustancia psicoactiva capaz de anular la voluntad de la víctima. El ingrediente principal de la primera sustancia, el “coup de poudre”, sería la tetrodotoxina o TTX, una toxina que se encuentra en algunos animales como el pez globo.

La TTX, administrada en una dosis semiletal, es capaz de crear un estado de muerte aparente durante varios días, en los cuales el sujeto sigue consciente a pesar de todo.

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Escena de la película “La Serpiente y el arcoris”, basada en el libro del mismo nombre.

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Uno de los libro que Davis escribió sobre el tema, titulado “La Serpiente y el Arco iris”, más tarde fue llevada al cine por el maestro del terror y el suspenso Wes Craven en una película homónima.

Si bien Davis fue ampliamente reconocido como el hombre que supuestamente había resuelto científicamente el misterio de los zombis, más tarde sus conclusiones fueron cuestionadas por otros investigadores más escépticos que consideraron sus métodos como poco científicos, señalando que las muestras del polvo zombi que proporcionó no eran válidas, y que las cantidades de la neurotoxina que figuraban en esos casos no eran lo suficientemente altas para crear zombis.

Además, las dosis utilizadas por los bokors tendrían que ser exactas, ya que en demasiada cantidad la toxina podría fácilmente matar a una persona. Muchos expertos en la magia haitiana, en todo caso, señalaron que además del polvo para crear zombis, también era imprescindible la magia negra utilizada por los brujos, una combinación esencial para crear a los zombis.

Casos de zombis auténticos

Los casos de zombies auténticos no son escasos. En 1937 la folclorista estadounidense Zora Neale Hurston conoció en Haití el caso de Felicia Felix-Mentor, fallecida y enterrada en 1907 y a quien, sin embargo, muchos lugareños aseguraban haber visto viva treinta años después convertida en zombi.

Natagéte Joseph, una mujer de unos cincuenta años, falleció en 1966 y también fue enterrada por sus familiares, pero 13 años más tarde reapareció en su pueblo, San Rafael, amnésica, muda y con un avanzado deterioro mental. Fue internada en el Centro Psiquiátrico de Puerto Príncipe, donde vivió en estado casi vegetativo y sin identidad legal.

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Jean-Claude Pierre, un hombre de 30 años originario de Gonaives falleció y fue enterrado en 1977. El domingo 17 de julio de 1983, si embargo, sus hermanos se lo encontraron vagando de nuevo por el barrio.

Estaba en un estado casi catatónico y no tenía dentadura. Tras ser identificado por sus padres y cinco testigos, la policía lo condujo al Hospital del Dr. Douyón en un estado lamentable, “como recién salido de un campo de concentración”.

El Dr. Douyón supuso que el hechicero Bokor que lo había zombificado le había arrancado todos los dientes para que, de recuperar el habla, nadie pudiese saber lo que decía.

Otro caso fue el de Medula Charles, una joven de 24 años natural de Gros-Morne que reapareció en agosto de 1983 tras haber fallecido y recibido sepultura anteriormente.

También fue llevada al hospital del Dr. Douyón y se recuperó lo suficiente como para dar a luz un hijo. Ya en proceso de recuperación, estuvo a punto de ser secuestrada por unos desconocidos en pleno día, en las cercanías del Hospital Psiquiátrico, supuestamente por los ayudantes del Bokor que intentaban devolverla a su estado de esclavitud zombi.

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